Ser líder hoy significa navegar un mundo más interconectado que núnca. Pero ¿qué ocurre cuando una carrera directiva se construye no en un solo lugar, sino en la encrucijada de diferentes culturas? He tenido la suerte de vivir una carrera directiva un tanto curiosa, una que un buen amigo describe como una «matriz de experiencias». No es una matriz al uso, sino una que me ha llevado a trabajar en tres culturas muy distintas —la americana, la europea y la japonesa—, cada una viviendo en países diferentes (España, EEUU, Alemania).
Mi perspectiva combina una visión global con la humildad de quien siempre recuerda sus orígenes. Esta combinación me ha dado una comprensión de la multiculturalidad que va mucho más allá de lo que se lee en un libro.
Esta matriz no es un concepto teórico, sino un modelo real de aprendizaje que se forma al trabajar en entornos tan distintos como los que mencioné anteriormente, en empresas con culturas distintas, con equipos formados por miembros de todo el mundo y viviendo tu propia cultura y vida personal. El resultado es una visión que va mucho más allá de las teorías, combinando una perspectiva global con la humildad de quien sabe que siempre hay algo nuevo que aprender.
La esencia de la «matriz»
Trabajar en entornos tan diversos obliga a cualquier profesional a desaprender y a reaprender constantemente. Quizás en conceptos muy básicos podríamos describir:
- En la cultura americana, se aprende que la proactividad y la comunicación directa son el motor del progreso. La rapidez en la toma de decisiones y la orientación a resultados se convierten en la norma. Y ese llamado individualismo.
- En la cultura europea, la complejidad de las distintas naciones enseña a navegar matices. Se entiende que no hay una única «forma europea» de hacer las cosas, sino un abanico de perspectivas que requiere diplomacia y visión de consenso.
- En la cultura japonesa, el respeto, la paciencia y el sacrificio son los pilares basados en la armonía. Se aprende a valorar la meticulosidad, la planificación a largo plazo y la importancia de construir relaciones de confianza duraderas.
Más allá de la geografía: las verdaderas lecciones del liderazgo
La principal lección de esta matriz no son los pasaportes llenos o las fronteras cruzadas, sino las cualidades que se desarrollan. Estas habilidades son las que permiten a un líder trabajar en cualquier cultura y empresa:
- Flexibilidad: La capacidad de adaptarse a nuevos entornos sin perder la esencia. Se desarrolla al entender y asimilar diferentes formas de pensar y de trabajar.
- Humildad: El motor que permite escuchar, aprender y respetar otras formas de liderazgo. Es el ingrediente clave para saber que el conocimiento no es estático.
- Paciencia: El ingrediente necesario para entender que los ritmos no son siempre los mismos. Permite comprender que un proceso que en una cultura es rápido, en otra puede ser un camino largo y meditativo.
- Ganas de aprender: El combustible que mantiene a un líder relevante y curioso, sin importar su nivel de experiencia.
En esta travesía, se aprende que el liderazgo efectivo no está ligado a un solo estilo o cultura. Se trata de entender el contexto, de empatizar con las personas y de tener la humildad de saber que, por mucho que se sepa, siempre hay una nueva lección que aprender. Y esa es la lección más importante que una «matriz de experiencias» puede regalar.

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