Después del despacho

Lo que nadie te cuenta sobre trabajar en ambientes multiculturales: lecciones aprendidas tras 30 años de experiencia internacional


Expatriación: una de las mejores decisiones de mi vida (con sus cicatrices), por qué, con todo, volvería a decir que sí

En el último post me centré en la trastienda de la expatriación: soledad, desgaste, salud mental, una familia estirada al límite.

Hoy quiero completar esa foto. No con una verdad absoluta, sino con cómo lo viví yo.

He pasado casi 17 años expatriado, entrando y saliendo de España. En mi caso, cada vuelta fue también un pequeño proceso de reinserción: volver a entender el país, la empresa, la familia… y, a veces, hasta a mí mismo.

Con todo, si miro hacia atrás, lo tengo claro: volvería a decir que sí.

Lo que me dio la vida fuera (en mi caso)

En mi experiencia, la vida fuera me dio cosas que ningún máster o postgrado me habría entregado.

Un desarrollo familiar brutal y una identidad híbrida

Mis hijos se desarrollaron de una forma brutal: idiomas, mentalidad abierta, naturalidad para moverse por el mundo.

Recuerdo cuando mezclaban palabras sin darse cuenta. Para ellos, su Thanksgiving, su Halloween o su Nikolaus era un mix cultural que vivían con total naturalidad. No comprábamos bizcocho, comprábamos Kuchen (nuestro bizcocho casero) .

Veían normal ir al aeropuerto, coger un avión, cambiar de idioma.

Y luego están esos momentos que se te quedan clavados.

Me acuerdo del pequeño  tres añitos , en una reunión de la elementary school para preparar Halloween. Las profesoras hacían preguntas y él, excitado, levantaba la mano. Empezaba la frase con toda la ilusión… y a mitad le faltaban las palabras. Se atascaba. Pero aun así lo disfrutó, se reía, volvía a intentarlo.

Al salir, un perrito. Mi hijo se giró y, en un inglés perfecto, le preguntó a la dueña si podía tocarlo. Fue una sensación increíble. Él estaba feliz… y yo veía, casi en directo, cómo se estaba convirtiendo en una esponja que lo absorbía todo.

Para mi mujer y para mí, la experiencia también fue un acelerador personal. Aprendimos a leernos en entornos desconocidos, a apoyarnos y a disfrutar esos momentos, buscando siempre la parte positiva de cada viaje, comida o costumbre nueva.

Como familia, fuimos desarrollando esa mentalidad de: “vamos a aprender de todo lo que nos pase”.

El liderazgo del expatriado: adaptación total

Profesionalmente, el saldo fue enorme. Mi red de contactos se multiplicó y mi liderazgo dejó de ser local para abrirse a una mirada multicultural.

Aprendí disciplina y flexibilidad a la vez: a tratar con culturas diversas, a entender matices y a adaptar la forma de gestionar. He leído mil definiciones de liderazgo, pero cuando lo pones dentro del paradigma de la expatriación —equipos multiculturales, idiomas mezclados, códigos distintos—, todo eso hay que pulirlo y adaptarlo. Es el liderazgo del que casi no se habla, pero que es esencial.

Recuerdo estar sentado en una mesa en Tokio con japoneses, tailandeses, europeos, americanos y brasileños. Después de una jornada intensa, comentábamos situaciones, riéndonos de los malentendidos y buscando puntos en común. En esa mezcla de acentos, silencios japoneses, risas brasileñas, ironía europea y pragmatismo americano entendí algo muy sencillo: el liderazgo allí no va de imponer tu estilo, sino de leer la sala, respetar los códigos y conseguir que todos sientan que forman parte de algo. Vivir esa riqueza cultural no tiene precio.

La expatriación me enseñó que el liderazgo no es tanto un estilo fijo como una capacidad de adaptación: el mismo propósito… formas distintas según el país y las personas que tienes delante.

Las dos listas: lo que gané… y lo que hoy haría distinto

Lo que cuento no es una regla general. Solo es lo que veo hoy cuando miro mi propia trayectoria.

Lo que ganamosLo que hoy haría distinto
Hijos con idiomas, mundo, flexibilidad y una identidad cultural híbrida.Prepararme mejor antes de cada salida, no solo en lo profesional, también en lo emocional.
Una pareja que disfrutó la parte positivade las dificultades lejos de casa.Hablar más a fondo en casa: qué nos jugamos, qué miedos tenemos, qué necesitamos para sostenernos.
El Liderazgo del Expatriado, que entiende mejor los matices culturales.Negociar mejor el apoyo con la empresa: el paquete económico, sí, pero también el acompañamiento a la familia y los límites.
Una red de contactos internacional que hoy es uno de mis mayores activos.Planear mejor las vueltas, sabiendo que no siempre se regresa al país de origen.

Muchas de las cosas que yo habría hecho mejor, se las he contado a mis hijos: para que negocien bien sus salidas, hablen claro con la empresa, cuiden su salud mental y no subestimen ni el coste ni el enorme valor de vivir fuera.

Abrir la conversación, no quejarse

En mi caso, la expatriación ha sido una de las mejores maneras de desarrollarme personal y profesionalmente, en aristas que la teoría no cubre: identidad, pareja, hijos, ética, multiculturalidad real, dudas, orgullo, miedo, pertenencia.

Si estás ahora mismo haciendo maletas o a mitad de tu primera expatriación, quizá te ayude empezar por esas dos listas: lo que puedes ganar… y lo que quieres hacer distinto.

La viví, la repetiría y, si alguien me preguntara, le diría:

“Adelante… pero con los ojos abiertos y con todas las conversaciones encima de la mesa”.


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