La vida de un directivo es intensa, exigente y apasionante. Pero llega un momento —a menudo entre los 55 y los 60 años— en el que la carrera tal y como la conocíamos toca su fin. Entonces surge la pregunta más compleja: ¿y ahora qué?
El día después de dejar un puesto directivo, llega sin manual de instrucciones. No hay agenda, no hay llamadas, no hay urgencias… solo silencio. Y ahí empieza el verdadero reto.
No quiero caer en la arrogancia de dar lecciones, pero después de más de un año de un cambio profundo, quiero compartir de forma sencilla los aprendizajes que me han ayudado a avanzar. Podría resumirlos en tres claves, tras superar la inevitable fase de “duelo”: dejar atrás lo que fue tu empresa —tu casa durante años— y desintoxicarte de la adrenalina constante del trabajo.

Como decía un antiguo compañero: “no sabes cuándo termina esa desintoxicación, pero sabes que debes empezarla cuanto antes”.
El reto no es solo económico, sino de identidad. Muchos ejecutivos experimentan una sensación de vacío, de pérdida de propósito o de soledad. Sin embargo, con buena preparación y una mirada estratégica, esta etapa puede convertirse en una segunda carrera llena de libertad y sentido.
1. Capitalizar la Experiencia: Vender Sabiduría, No Horas
El regreso a una oficina a tiempo completo suele quedar atrás. Lo que ahora cuenta es el valor estratégico acumulado y la capacidad de transferirlo a otros. Las oportunidades rara vez aparecen en portales de empleo: nacen de la red de contactos y del prestigio profesional construido durante años.
Para quien ha pasado media vida fuera, el regreso no es solo profesional, sino emocional. No se trata de volver al país, sino de reencontrarse con él.
(Puedes leer más sobre esta idea en mi artículo “La vuelta a casa, la segunda expatriación”, en www.jeronimoporrast.com).
Algunas vías para capitalizar tu experiencia (y el valor real de tus contactos):
- Consejero o Senior Advisor: Acompañar a empresas, startups o fondos con una visión madura y estratégica. Requiere reputación y una red activa.
- Interim Manager: Asumir temporalmente un rol directivo en procesos de transformación, crisis o sucesión. Liderazgo operativo y solvencia demostrada son claves.
- Consultor Independiente: Ofrecer conocimiento especializado —finanzas, expansión internacional, digitalización— desde la autonomía y la disciplina del autoempleo.
- Docencia y Mentoría: Transmitir experiencia en escuelas de negocio o programas de liderazgo. Enseñar también ayuda a ordenar las propias ideas.
- Emprendimiento Senior: Crear un proyecto propio, especialmente en sectores ligados a la economía plateada. En España, la “jubilación activa” permite compatibilizar pensión y actividad profesional.

Consejo para expatriados: tu experiencia internacional es un activo muy valioso. Explora la posibilidad de asesorar a empresas que quieran crecer en los países donde tú ya has vivido o trabajado.
2. Planificación Financiera: La Decisión del Hogar
Una vez definida la nueva dirección profesional, llega otro aspecto decisivo: la estabilidad financiera y el lugar desde el que quieres vivir esta etapa.
El equilibrio económico es el pilar de la serenidad. Disponer de rentas aseguradas —inversiones, alquileres o pensiones consolidadas— permite que la búsqueda de un nuevo propósito no dependa de la urgencia económica.
Para quienes han sido expatriados, la planificación exige una mirada más amplia. La expatriación es mucho más que irse fuera; es preparar una vuelta, asimilar un cambio de vida y aprender de la mundología.
- Pensiones y Cotizaciones: Asegurar que los años trabajados en distintos países estén correctamente reconocidos.
- Fiscalidad y Residencia: Comparar regímenes fiscales antes de decidir el país de retiro o retorno.
- Sanidad y Calidad de Vida: Evaluar el acceso a servicios de salud, el entorno cultural y la cercanía familiar.
El dilema de dónde sentirse en casa
La pregunta de fondo no es solo “dónde vivir”, sino dónde sentirse en casa. Es un dilema complejo cuando tu familia está repartida por el mundo. Tus hijos, siguiendo tu estela, pueden residir en otros países; en el tuyo, a menudo, solo quedan recuerdos.
En mi caso, mis hijos viven en dos países de Europa, pero decidimos volver a España, por nuestros padres, por nuestros hermanos y también por nosotros mismos. No es fácil: la familia crece, los nietos viven lejos y los padres, ya mayores, te necesitan. El equilibrio es difícil, pero hay que evaluarlo y actuar.
Si tus hijos han aprendido del esfuerzo y del ejemplo, lo entenderán. Y tus padres, sin duda, te lo agradecerán.
La expatriación —y la ayuda de la videoconferencia y los viajes— nos ha permitido adaptarnos a este nuevo estilo de vida sin perder la conexión con los nuestros.

3. El Reto Emocional: Redefinir la Agenda
Ni la experiencia ni la planificación bastan si no se aborda el aspecto más complejo: el emocional.
El cambio de ritmo puede desorientar. Dejar el cargo implica soltar el estatus y la rutina, y eso puede generar una sensación de vacío. Pero ese “vacío” también puede ser un espacio para el crecimiento personal, si se llena con intención.

Mi kit de primeros auxilios contra la inercia:
- Reconectar con lo esencial: Familia, amigos, tiempo para los tuyos.
- Cultivar la mente: Lectura, pensamiento crítico, curiosidad. No hay edad para aprender.
- Formación y Docencia: Universidades y programas sénior ofrecen un entorno estimulante para compartir y seguir creciendo.
- Viajar con propósito: No como turista, sino como observador. Las experiencias fuera siguen siendo fuente de aprendizaje.
- Mantenerse activo: Mentorías, voluntariado o consultorías pro bono. La acción es el mejor antídoto contra la inercia.
El “día después” de la vida ejecutiva no es un final, sino el comienzo de una etapa donde ya no se lidera por jerarquía, sino por influencia y sabiduría.
He aprendido que no se trata de retirarse, sino de reencontrarse.
La libertad no es dejar de trabajar, sino elegir con propósito.
Esta puede ser la etapa más libre y plena de tu vida. Y puede empezar hoy.

Si este tema te resuena, te invito a seguir leyendo y reflexionando en mi blog www.jeronimoporrast.com. A veces, el “día después” es solo el comienzo de algo mejor.

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