Después del despacho

Lo que nadie te cuenta sobre trabajar en ambientes multiculturales: lecciones aprendidas tras 30 años de experiencia internacional


¿Amigos en el Trabajo? No nos engañemos: es Compañerismo, no Amistad.

Es un tema tan recurrente como delicado, y es hora de abordarlo sin rodeos. ¿Cuántas veces habremos escuchado la frase lapidaria: «en la empresa no hay amigos»? Y seamos sinceros: en la gran mayoría de los casos, es una verdad profesional innegable. Es una píldora amarga que muchos prefieren no tragar.

Claro que existen las buenas relaciones: la cordialidad, las salidas de equipo, el café compartido, e incluso las reuniones sociales fuera de la oficina. Todo esto construye un ambiente sano y productivo, algo necesario para el éxito. Pero no confundamos la gimnasia con la magnesia. Tener buen feeling con un compañero crea un lazo laboral valioso, pero no necesariamente te convierte en su amigo de verdad; de esos que, como bien dices, se cuentan con los dedos de una mano.

Creo que todos nos hemos enfrentado a esas situaciones que quedan en nuestra memoria y nos forjan en la experiencia y el día a día.

La distinción entre un lazo profesional y una amistad genuina se hace brutalmente clara cuando el contexto que los une (la empresa, el proyecto, el puesto) se tambalea. No es un juicio a las personas, sino una observación sobre la estructura.

Llegan los momentos de crisis, las reestructuraciones, las presiones por objetivos o los cambios drásticos. Un nuevo jefe, una fusión, la llegada de nuevos compañeros… Es entonces cuando la dinámica de equipo se transforma. La camaradería puede, legítimamente, desvanecerse para dar paso al foco individual: se refuerzan unos lazos y se apagan otros. Es la vida misma, pero dentro de la empresa.

La supervivencia profesional se impone, y esa es una prioridad natural en el entorno corporativo. El objetivo compartido que antes los unía ahora puede disolverse. Es una realidad dura, inherente a la condición de trabajar en una organización con jerarquías e intereses. No discuto si es bueno o malo, es lo que hemos construido y la naturaleza humana en sí.

Pero la prueba de fuego definitiva llega cuando una persona ya no está en la compañía.

Mientras estabas dentro, existían las bromas cómplices y la unidad en los desafíos. Al irte, el contacto se reduce al mínimo o desaparece. El apoyo que pudiste haber dado como mentor o compañero se desvanece, y el tiempo pasa en medio de un incómodo silencio.

Es en ese momento, con la distancia, cuando se entiende la verdadera naturaleza de esos lazos: fueron relaciones condicionadas por un puesto de trabajo y una nómina. Duele ver cómo se diluyen, pero es una lección invaluable que enseña a distinguir entre el vínculo profesional y la amistad incondicional. Esto habría que aprenderlo lo antes posible, pero nos dejamos llevar; no somos tan pragmáticos generalmente.

La Relación con los Superiores: El Símil Padre-Hijo

Un punto aparte, pero crucial, es la relación con tu jefe o supervisor. Es vital mantener un alto nivel de respeto y una comunicación efectiva. Eso sí, la etiqueta debe ser siempre profesional.

En estas posiciones, existen decisiones difíciles que tomar (promociones, recortes, evaluación de desempeño) que podrían comprometer la «amistad». Por respeto a ambas partes, hay que ser profesionales por encima de todo. La buena relación es necesaria para el clima laboral, pero debe regirse por la jerarquía y los objetivos, manteniendo siempre el respeto y la dignidad de las personas, lo cual no siempre está enfocado a un ambiente de camaradería.

Haciendo un símil: Yo no soy amigo de mi hijo, soy su padre, y no debo privarle del derecho y la oportunidad de tener un padre con todo lo que significa, lo que no quita que tengamos una relación de confianza que llamemos amistad y nos consideremos  verdaderos amigos .

Conclusión: Gestionar Expectativas y Proteger la Energía

Entonces, ¿es malo aspirar a tener amigos en el trabajo? ¡Claro que no! De ese pequeño porcentaje de excepciones nacen a veces amistades para toda la vida, y eso es un regalo.

Sin embargo, la lección aquí es aprender a diferenciar y a proteger tu energía emocional.

  • Cultiva el compañerismo (colaboración, cordialidad, respeto) porque es la base de un ambiente laboral productivo. Siempre con respeto.
  • Sé una persona profesional y de apoyo, pero ten claro que el lazo laboral está condicionado por la empresa.
  • Reserva la amistad genuina para ese círculo íntimo que está contigo sin importar tu cargo o tu empresa.

Se trata de gestionar las expectativas y poner la energía donde está la sinceridad incondicional. El trabajo te dará conocidos y compañeros; las verdaderas amistades se construyen en el tiempo, fuera de la oficina y sin intereses de por medio.

El trabajo pasa, los proyectos cambian, pero las verdaderas amistades trascienden cualquier nómina.


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