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Lo que nadie te cuenta sobre trabajar en ambientes multiculturales: lecciones aprendidas tras 30 años de experiencia internacional


Liderazgo: La diferencia entre las citas y la realidad del día a día

A menudo nos inspiramos en frases de grandes líderes, pero ¿qué pasa cuando esas ideas se enfrentan a la complejidad de la realidad?

El liderazgo es un acto de equilibrio, y grandes voces de la historia nos dan claves para entenderlo:

  • Visión y empatía: Rosalynn Carter nos recordaba que «Un gran líder lleva a las personas a donde no necesariamente quieren ir, pero deben estar.» Esta frase subraya que el liderazgo no es solo complacer, sino guiar con empatía y visión hacia el crecimiento, incluso si eso implica incomodidad.
  • Crecer a través de los demás: Jack Welch nos enseñó que «Antes de ser líder, el éxito es crecer uno mismo. Cuando te conviertes en líder, el éxito es hacer crecer a los demás.» El verdadero éxito de un líder se mide por el desarrollo y el potencial que despierta en su equipo.
  • Moldear el consenso: Martin Luther King Jr. afirmaba que un líder «no es un buscador de consensos, sino un moldeador de consensos». Esto nos recuerda la importancia de tener una visión clara y la habilidad para guiar al equipo hacia un objetivo común, en lugar de simplemente ceder ante la opinión mayoritaria.
  • El poder de la humildad: Lao Tzu nos invitó a la humildad, diciendo que el mejor líder es aquel «cuando la gente apenas sabe que existe, cuando su trabajo está hecho y su meta cumplida, ellos dirán: Lo hicimos nosotros.» Esto es el máximo empoderamiento: lograr que tu equipo sea tan autónomo y fuerte que se atribuya el mérito de sus propios éxitos.

Estas citas nos ofrecen un marco ideal, Pero ¿qué ocurre cuando estas ideas se enfrentan a la complejidad del día a día? La realidad nos presenta desafíos que no siempre son tan sencillos de resolver. Aquí es donde surge la pregunta clave: ¿cómo aplicamos estos principios cuando la línea entre la empatía y la responsabilidad se vuelve borrosa?

La empatía, esencial para un buen líder, puede ser malinterpretada como permisividad. Por ello, el desafío está en equilibrar la comprensión con la firmeza, demostrando que establecer límites claros no es una falta de sensibilidad, sino una muestra de la responsabilidad que todo gran líder debe asumir para guiar a su equipo hacia donde realmente necesita estar.

Escuchar y acompañar a los miembros del equipo no solo fortalece el vínculo, sino que mejora el rendimiento. Sin embargo, hay momentos en los que esa empatía puede ser malinterpretada.

Tiempo atrás me encontré en una situación así. Un colaborador, amparado en la confianza que habíamos construido, comenzó a exigir más allá de lo razonable. Cuando tomé una decisión que no coincidía con sus expectativas, surgieron tensiones. Fue entonces cuando me hice preguntas complejas:

  • ¿Estoy actuando con justicia?
  • ¿Es esto un abuso de autoridad o una decisión responsable?
  • ¿Puede un empleado ejercer presión emocional sobre su líder?

Esta experiencia me recordó que, aunque poco discutidas, estas dinámicas existen. En algunos casos, pueden incluso derivar en lo que se conoce como mobbing inverso, cuando un subordinado ejerce presión sobre su superior.

Mi aprendizaje: Equilibrar comprensión y firmeza

Mi principal aprendizaje de esta situación es que la empatía no debe confundirse con permisividad.

El liderazgo requiere un equilibrio entre comprensión y firmeza. Establecer límites claros no es una falta de sensibilidad, sino una muestra de responsabilidad. Es la forma de crear un entorno justo, sano y productivo para todos, donde las expectativas están definidas y el crecimiento colectivo puede florecer, incluso si eso implica tomar decisiones difíciles.

Al final, como líderes, nuestro trabajo no es ser «amigos» de todos, sino guiar con claridad y respeto, construyendo un equipo fuerte y autónomo que, un día, pueda decir con orgullo: «Lo hicimos nosotros».


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